Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo, AR.

El Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo fue organizado por el Respetable Sínodo del Golfo de México el 19 de septiembre de 1982. En 1985, el mismo Sínodo del Golfo abrió otro Centro en la Ciudad de Villahermosa, Tabasco, mismo que en 1987 tomó existencia independiente como El Seminario Teológico del Sureste. Desde 1987, con la formación del Respetable Sínodo de la Península, el Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo se desincorpora del Respetable Sínodo del Golfo y pasa a ser una institución del Respetable Sínodo de la Península. ... [leer más]

DESCRIPCIÓN DEL ESCUDO:

  • Al fondo, en color azul cielo se aprecia un triángulo equilátero, símbolo de la Trinidad.
  • Alineada al vértice central, una cruz en color rojo, simbolizando la vida y obra de Jesucristo.
  • A los lados izquierdo y derecho de la cruz, las letras mayúsculas SP (respectivamente), abreviando el nombre “San Pablo”
  • A la izquierda de la cruz, apuntando en perspectiva hacia el vértice inferior izquierdo, una Biblia abierta, símbolo de la pureza doctrinal que promueve y cuida el Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo.
  • A la derecha de la cruz, apuntando hacia el vértice inferior derecho, un lebrillo con una toalla, símbolo de la disposición al servicio en el Reino de Dios.
  • Debajo del triángulo, el lema del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo “Siervos por amor de Jesús”

DECLARACIÓN DE FE

El Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo con apego a la Biblia y el anhelo de servir a Jesucristo, el Rey de reyes, en el cuidado de la iglesia y la predicación del evangelio, creemos y afirmamos la siguiente declaración de fe.

La revelación de Dios

Creemos y confesamos que la Sagrada Escritura (los 66 Libros contenidos en el Antiguo y Nuevo Testamentos) son de autoridad divina, y toda ella verdad. Requiere que la mente y corazón humano se sujeten en todas sus actividades a la autoridad de la Escritura como la completa Palabra de Dios escrita, por ser ella inspirada plenamente por Dios Todopoderoso, y por tanto, sin error.

Nuestra herencia doctrinal

Confesamos nuestro apego a la Confesión de Fe de Westminster, y a los Catecismos Mayor y Menor, adoptados éstos por la Iglesia Nacional Presbiteriana de México como sus símbolos doctrinales, porque contienen el sistema de doctrina enseñado en la Biblia, por lo tanto, deben ser aprendidos, enseñados y proclamados para la edificación de todo cristiano para el extendimiento de la fe y la evangelización del mundo entero por el poder del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Reconocemos también el valor doctrinal del Catecismo de Heildelberg y otras Confesiones Reformadas Históricas.

El Reino de Dios

Creemos y confesamos que el reino de Dios es el gobierno soberano, redentivo y bendito de Dios inaugurado con la obra de Jesucristo, que hasta ahora sigue extendiéndose por medio de la Iglesia y la proclamación del evangelio en el poder del Espíritu Santo hasta el día en que el número de los elegidos sea reunido ante el trono del Señor. Y hasta la venida de Cristo, el Reino de Dios es evidente en el mundo por la verdad, la justicia, la pureza y la bondad que practica, promueve y defiende la Iglesia, que está llamada a ser luz y sal del mundo.

El mundo

Creemos y confesamos que el mundo es el escenario en el cual Dios ha decidido desplegar las riquezas de su gracia para con los elegidos. Consideramos al mundo como el sistema de vida con motivos y pensamientos corrompidos, antagónico a la verdad del evangelio, y con todo, en proceso de ser redimido y transformado por la verdad, el poder y la gracia de Jesucristo quien es Señor de cielo y tierra y se ha propuesto hacer nuevas todas las cosas. De manera que la iglesia no debe amoldarse al mundo, pero sí alumbrar al mundo, no esconderse del mundo, pero sí distinguirse del mundo; pues es en este mundo donde el Reino de Dios debe ser proclamado y extendido.

La cultura

Creemos y confesamos que la cultura es lo que resulta de la interacción de gente creada a la imagen de Dios con el mundo que Dios creó. Que siempre que esta interacción involucre a hombres y mujeres no redimidos, producirá engaño, destrucción y caos. Pero cuando los redimidos de Jesucristo como embajadores del Reino de Dios ejercen la cultura, se producirán destellos de verdad, justicia y belleza.

La iglesia

Creemos y confesamos que la iglesia es el conjunto de creyentes en Jesucristo de todos los tiempos y lugares, elegidos para salvación en el Hijo de Dios, unidos por la fe en el evangelio de la gracia de Dios y mantenidos en la verdad y la santidad por el poder y obra del Espíritu Santo. Que se agrupa en comunidades locales de fe para ejercer su ministerio y celebrar la supremacía de Jesucristo, no centralizada en un edificio sino ejerciendo la comunión en Cristo, no haciendo acepción de personas sino anunciando la gracia de Dios; como una compañía de peregrinos camino a casa, una familia de hermanos en Cristo; la comunidad de aquellos que en santidad luchan contra el pecado, aman al perdido, interceden por el caído y viven para la gloria de Dios.

El ministerio pastoral

Creemos y confesamos que el ministerio pastoral debe ser ejercido con todo sometimiento a la palabra y amor al cuerpo de Cristo por aquellos a quienes Dios ha llamado a servir en el liderazgo de la Iglesia, no como teniendo señorío sino apacentando a la grey de Dios con la mayor diligencia en el estudio de las escrituras, con el mejor cuidado de la doctrina, con la mayor ternura para con los creyentes en Cristo, con la correcta severidad para con los enemigos del evangelio, con la sana conciencia del mundo y la cultura y con la mejor disposición al servicio de Cristo y su Iglesia.

La predicación

Creemos y confesamos que la predicación bíblica es el medio provisto por Dios, por el cual la iglesia es informada de la verdad, nutrida espiritualmente, corregida amorosamente y exhortada a la vida piadosa, al mismo tiempo que el incrédulo es llamado al arrepentimiento y la fe en Jesucristo. No ha de fundarse en concepciones moralistas, ni provenir de actitudes legalistas, sino que debe ser proclamación de la verdad y de la gracia de Dios para con el pecador arrepentido. Y no se debiera escatimar en el esfuerzo de que la predicación sea expositiva, inteligible y pertinente para la edificación de la iglesia y la evangelización del mundo.

El culto público

Creemos y confesamos que el culto público, es la celebración comunitaria de la vida y obra de Cristo, un medio de gracia para el creyente y anuncio del evangelio para el incrédulo. Esta celebración no es para satisfacción de las personas, sino para honrar a Dios de la forma en que él ha establecido que su pueblo le adore. Rechazamos pues, toda concepción del culto como consumismo y entretenimiento. Y anhelamos servir y honrar a Jesucristo con la adoración que él merece, en espíritu y en verdad.

La evangelización

Creemos y confesamos que la evangelización es la proclamación del evangelio de Jesucristo al mundo y la cultura en obediencia al mandato de “ir y hacer discípulos” en el anhelo, esperanza y confianza de que la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios. Rechazamos pues, la manipulación emocional y la confianza en los métodos humanos, pues la regeneración ocurre por obra del Espíritu Santo. Pero reconocemos la importancia de las relaciones, el testimonio, la oración y la comunión de la Iglesia en la tarea de proclamar la buena noticia del Evangelio. Considerando el evangelismo no como una actividad.

Protesta de apego doctrinal

Solemnemente prometemos no promover, apoyar, enseñar, insinuar cualquier otra doctrina contraria al sistema doctrinal reformado contenido en los símbolos doctrinales de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México.